sábado, 25 de agosto de 2012

Haced lo que dicen

    Jesús no censura la bondad de la enseñanza farisea. Rechaza la falta de sinceridad, la incongruencia de que no hacen ellos lo que prescriben a los demás, más atentos a su reconocimiento social que a la rectitud de su testimonio personal.
    No es eso lo peor, sino que han hinchado el número de preceptos de escaso o nulo contenido santificador, hasta dificultar seriamente el cumplimiento normal de los mandamientos de Moisés.
    A esto se refiere la frase de Jesús de que han liado pesados fardos y se los han colocado en el hombro. No demos nosotros tanta importancia a los actos objetivos, sino dejémosle al corazón que nos lleve a Dios y a nuestros hermanos.

Reflexión: masculino y femenino y vice versa

    Los signos externos con que hombre y mujer se han venido caracterizando sufrían modificaciones y sustituciones según las cultura y costumbres del momento, pero siempre señalaron diferencias caracterizadora de hombre y mujer. Hoy cada vez  se difuminan más las diferencias que configuran a uno y otro, porque no dejan de ser convencionales.
    Hoy he visto a un hombre con las uñas cuidadosamente cuidadas y pintadas de rojo oscuro. No es costumbre habitual todavía entre jóvenes, que son quienes se realizan procediendo contra esto y lo otro. El inconforme Quevedo tiene escrito un libro titulado Contra esto y lo contrario, o algo así. Creo sim embargo que si Quevedo se hubiera encontrado con algo así, hubiera desenvainado la espada con presteza y la hubiera armado. Que descanse en paz el siempre simpático Quevedo.


Rincón poético

DESDE EL CORAZÓN

Incluso cuando estés cansado,
no dejes nunca tu corazón en un rincón,
como se deja, chorreando lluvia,
un paraguas, no sea que de pronto
tengas que amar y quieras echar mano
de él cuando ya no esté.
Quítate la chaqueta, la camisa
o cualquier otra cosa,
pero no desenvaines tu vida
del corazón, donde calientas
tus manos en invierno.
Tal vez, porque has venido
usándolo, no siempre con fortuna,
creas que no lo necesitas.
Incluso así,
él si te necesita, porque es tuyo,
No lo abandones caprichosamente
como quien tira los zapatos viejos
a un fementido contenedor.

(De Los labios del viento)

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