lunes, 20 de agosto de 2012

La bondad

    Este joven que se acerca a Jesús porque quiere salvarse, sabe bien cuál es el fin del hombre: hacer el bien. Sabe que la bondad aquí en la tierra prepara la bondad de una vida mejor junto a Dios. Pero además quiere reforzar ese camino bondadoso. El joven rico quería alcanzar la perfección, ignorando que ser perfecto es entregar el corazón a Dios sin reservas, y descubre que su corazón está donde está su tesoro. Decepcionado entonces, se marcha cabizbajo y deprimido. Ha descubierto que no quiere ser perfecto.
    Seguir a Jesús supone dejar de ser uno el centro de sí mismo y abandonar en la cuneta todos esos bienes que tanto le ocupan. Él quiere llenarlo todo, ocuparnos del todo. Sólo entonces nuestro bien es Cristo.

Reflexión: Diaconía

    En la primitiva Iglesia, eran los diáconos los encargados de llevar la comunión a los enfermos. La diaconía es un menester de todo buen cristiano en su sentido general de ser para los demás.
    Los ancianos que habían venido asistiendo diariamente a la celebración eucarística, víctimas de los achaques de le vejez, han de abstenerse de tan saludable beneficio. Los domingos, suplen de alguna manera su asistencia a la iglesia con lo que ven en TV, por más que no puedan llevar a cabo su deseo de acompañar a la comunidad a la que pertenecen y comulgar. Les queda el consuelo de confesarse y comulgar, gracias al sacerdote que los visita y hace las veces de los primitivos diáconos. Hay cristianas de reconocida virtud que suelen llevar la comunión a enfermos y desvalidos. Y es de ver con qué agradecido gozo reciben a quien les lleva el Señor a casa.

Rincón poético

NO BASTA CON DECIR...

No basta decir simplemente:
Yo te amo, Señor.
No le ama de veras
quien sólo lo dice, mas sin convicción.
Así pasa el viento
y así desfallece a la tarde el sol.
No le ama de veras
y en vano protesta su amor
si olvida entrever en los hombres
el rostro de Dios.
Quien ama de veras
entreabre las puertas de su corazón,
a aquel que mal vive, pobre o marginado,
y en él adivina la predilección
con que le distinguen
los ojos de Dios .
No basta decirlo como quien recita
palabras que el viento borra sin rubor
o en la arena escritas, que allana la ola.
No basta decir mil veces: ¡Señor!
Má bien interesa no amarte a ti mismo, 
poniendo los mimbres de tu corazón
en mimar tu vida. En el nido ajeno
lo pondrás mejor.
Si ves en los pobres a Dios claramente,
su amable mirada
os mira a los dos.

(De Los labios del viento)

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