jueves, 30 de agosto de 2012

Vigilad

    Hemos ido leyendo hasta ahora la lectura continua del evangelio de Mateo. Los tres últimos pasajes de esta semana pertenecen al discurso de Jesús “Sobre los últimos tiempos”, que por eso llamamos escatología. Hoy se nos habla de la conveniencia de estar despiertos. Vigilad, advierte Jesús, porque no sabéis el día ni la hora. Y se nos susurra al oído que no nos confiemos, que no compartamos la atonía general de nuestro tiempo, sino que estemos ojo avizor, en alerta constante.
    Importa mucho no sólo creer, sino vigilar; no sólo amar, sino vigilar; no sólo esperar, sino vigilar. Porque es Jesús quien llega, porque su llegada es un gran acontecimiento. Jesús está viniendo siempre, cada día, a cada hora. Y hasta podemos no ver, pero si prever, discernir los signos de su venida.
    Jesús viene en mi trabajo, en mis horas de ocio y distensión, en mi descanso. Viene a través de tal o cual persona que dice o hace algo que despierta en mí un buen pensamiento, viene en una noticia impresionante, en la lectura sana de un libro, en un suceso imprevisto. Viene paso a paso, sin hacer ruido, sin ser notado, y hay que descubrirlo a tiempo, para no ser sorprendidos.
    Vigilar es vivir en marcha constante hacia Dios, que está ahí, a la vuelta de la esquina, con los ojos abiertos.

Reflexión: Los católicos en China

    La libertad en China es mera ficción. Y no digamos la libertad de expresión religiosa. El partido comunista no cede en su propósito de controlarlo todo con mano férrea, lo que deja entrever que los obispos vivan más tiempo en la cárcel que en sus diócesis. Con todo, los cristianos no se amilanan y defienden su derecho a ser, según las directrices del evangelio. Y así, ha sido noticia sobresaliente la celebración de un Congreso Eucarístico, en Feng Xian, en el que han participado miles de católicos. La Iglesia en China vive clandestinamente su fe y están demostrando su coraje contra viento y marea. La agencia Fides recuerda que la diócesis de Feng Xian nace como misión franciscana y en el momento presente cuenta con 38 sacerdotes y 60 religiosas que atienden a más de veinte mil católicos. Recordémosles en nuestras oraciones y tomemos nota de su valioso testimonio en un continente que les es adverso.

Rincón poético

  QUÉ POCO SABES

¡Qué pocos sabes
de Dios! Pero te atreves
a hablar con displicente atrevimiento
de su misterio que no sabes.
Y pontificas con incontestable
necedad tus criterios
que son sólo corteza de granito.
No cabe Dios en la estrechez mezquina
de tus palabras, porque un vaso
no mide la grandeza ilimitada
del mar ni aun el huidizo
caudal que lleva el río.
No hablas de Dios. No es Dios el que tú dices.
Hablas confuso
de los desechos de tus pesadillas.
¡Si adivinaras que ese Dios que apenas
tanteas obsesivo,
está ante ti y te sabe de memoria!
No conoces a Dios; te lo imaginas.
Arrodíllate, al menos,
al escuchar su nombre.
Pronúncialo tú mismo.
Se encenderá una vela
en el dudoso altar de tus tinieblas.

 (De Los labios del viento)

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