viernes, 3 de agosto de 2012

El decurso de los hechos

    Mateo ordena la materia de su evangelio en discursos y hechos. Acabada la sección de discursos con la última parábola, inicia ahora la sección de los hechos de Jesús. Los cuatro capítulos que ahora comienzan, con pequeñas diferencias, son fieles al sentido que tienen en Marcos, sobre el misterio de la persona de Jesús, cuya semblanza va perfilándose poco a poco, al tiempo que la gente va apartándose de él.
    Los evangelios no son un libro de historia, pero la historia es el espacio inevitable en que ocurren los hechos de Jesús, y los evangelistas no pueden menos de ser files a esa condición humana de Cristo.
    Vuelve Jesús a su pueblo para que no queden excluidos del servicio evangélico de su palabra. Todos notan algo misterioso, una calidad especial, en el modo de hablar y proceder de Jesús, pero se niegan a admitirlo como enviado de Dios: lo conocen de siempre como un simple paisano más, el hijo del carpintero. Es el misterio del rechazo de la fe, que habla de Dios y el hombre no escucha.
    Se irá desolado sin poder hacer más prodigios que sanar a algún paciente. No creen en él y sin fe, la mano de Dios es reacia a favorecer a quien no lo reconoce.

Reflexión: la badila y el incensario

    Ya no existe la badila ni cosa que se le parezca, porque desapareció el brasero donde removía las brasas para atizar el hogar y las cubría luego con ceniza para preservar el fuego. Era como un cucharón plano y redondo con un mango largo. La calefacción eléctrica  sustituyó el brasero con ventaja.
    Por la Biblia sabemos que existió el incensario, antes aun de que se alzara el templo, si bien no era como los que usamos en nuestros días. Era igualmente una badila, más capaz y con cierta concavidad para depositar en ella el incienso sobre brasas de fuego, en conformidad con la ritualidad mosaica.
    Es posible que fuera a esa clase de incensarios a los que se refiere la Virgen María, en los relatos apócrifos, escrito algo más acá del siglo segundo, cuando ordena que pongan incienso en el incensario antes de proceder a orar.


Rincón poético

LA PERSEVERANCIA

Persevera quien escala,
paso a paso, cada día,
hasta la cumbre más alta
una pendiente obsesiva.
No persevera la piedra
en la senda detenida.
La aurora madrugadora
y la estrella matutina,
casi sin esfuerzo, avanzan
con cadencia decisiva.
Perseverar nos convierte
el esfuerzo, en atrevida
llama con que retirar
la oscuridad de la vida.
La perseverancia sueña
escaleras infinitas
por donde escalar el cielo
con una audacia inaudita.
Jesús, a no claudicar
en la vehemencia que invita
a vivir con ilusión
su palabra, nos anima.
Crezcamos sin menoscabo
de vivir bien esa vida.
El río siempre es el mismo,
aunque el agua no es la misma.

(De Los labios del viento)

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